domingo, 29 de noviembre de 2009

Mi sauce llorón.

Mi pequeño, mi único verdadero amigo, sus grandes hojas apuntando al cielo, su verde respplandor que me decía lo que era mejor. Pasaron años de nuestra linda amistad, la luz que iba y venía sin cesar decía que teníamos una linda amistad. Cada vez que lo observaba libremente, sabía que había algo especial. Recuerdo aquella noche oscura en la que me dejé llevar, por el presentimiento maligno de algún lugar, la pequeña luz de mi pequeño gran amigo me decía que no, porfavor no. Mi mente decía que sí, y mi corazón que no, me dejé llevar por la intuición y una sombra apareció, me rodeó. Y no supe más de mi, ya no era yo, la luz se apagó, todo era de otro color. Mi pasado atrás quedó y mi nueva vida comenzó. No volví más hacia donde estaba mi árbol, no me importaba por lo demás, vivía con maldad y frialdad, como todos los demás.Pero lo sentí, no cabía duda alguna era mi pequeño amigo, me llamaba, su luz alumbraba, pero era distinta, de todas formas sbía que era ella, me llamaba, debía ir, no importaba mi frialdad, mi maldad. Era mi amiga, y nada más. Imágenes, recuerdos recorrían mi mente, y un frio dolor recorrio mi cuerpo cuando la ví, sus hojas marchitas, lloraban, sus ramas caían, y su vida ya no era la misma, mi maldad había hecho que mi pobre sauce, sea simplemente un sauce llorón.

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